
Dibujo: Kalvellido



Foto: Captura tomada de la contratapa del libro 'Atlas of Creation' de Adnan Oktar donde el autor trata de demostrar (utilizando collages) que la teoría de la evolución es incorrecta pues si lo fuera el ser humano ya habría evolucionado en una especie con 'mayores' capacidades, más brazos, más piernas, etc.El gobierno de Estados Unidos, que no duda en dejar sin seguro médico a millones de ciudadanos, que recorta por done puede los presupuestos dedicados a la salud, educación y a la cultura, tampoco duda en inyectar en un solo día 700 mil millones de dólares... para salvar a los especuladores de Wall Street, porque es necesario tener eso claro: Wall Street, la bolsa, no es más que especulación, no es comercio, no es desarrollo, no es crecimiento, es solamente especulación. En Wall Street miles de millones de dólares cambian de manos todos los días, en forma de acciones. Todas son transacciones electrónicas especulativas.
Lo que ha cambiado de manos en estos días, sin embargo, es otra cosa: dinero contante y sonante de los ciudadanos de Estados Unidos, cuyos impuestos irán a salvar a los más ricos del planeta, para impedir su colapso. De eso, el ciudadano de Estados Unidos no se beneficiará en absoluto pero las 500 empresas de la lista Forbes, las multimillonarias que se pavonean en las páginas de la revista, seguirán enriqueciéndose y pagándose dividendos y salarios fuera de toda lógica de trabajo. Ya decía Bertolt Brecht que no es ladrón el que roba un banco, sino quien lo funda, pero en este caso es aún peor, porque Wall Street es una construcción imaginaria, etérea, de especulación químicamente pura.
Todo el discurso de los republicanos sobre la necesidad de empequeñecer al Estado se revela de un sólo golpe hipócrita y mentiroso. Ahora sí el Estado sirve para algo, para vaciar sus arcas y los bolsillos de los contribuyentes de dos maneras: haciendo la guerra y ayudando a los más ricos. La agresión a Irak, como se sabe también basada en una sarta de mentiras, ha costado hasta ahora 750 mil millones de dólares (a razón de 12 mil millones por mes), una cifra muy parecida a la del "rescate" de Wall Street. Pero no se crea que las quiebras de empresas han costado solamente eso: durante la gestión de gobierno de los republicanos, el Estado ha regalado a las empresas en quiebra cerca de un trillón de dólares. La cifra es inimaginablemente larga en ceros, y en cristiano se traduciría por "un millón de billones", lo cual no facilita las cosas. No puedo encontrar siquiera un elemento de comparación para dar una idea de semejante cifra.
Lo que sorprende en todo esto es que todavía haya gente en América Latina que crea que el liderazgo de Estados Unidos en materia de mercado libre y el dólar como patrón monetario, es algo bueno. Hay que ser pelmazos para confiar en la economía de Estados Unidos, y los propios ciudadanos de ese país lo están sufriendo en carne propia con la crisis inmobiliaria, que los deja sin vivienda de un día para otro.
El desempleo aumenta y las imágenes de gente sin techo escarbando los basureros en plena 5ª Avenida de New York son tan comunes que ya nadie se fija. No es pues un país ejemplar para nada, aunque se vende muy bien, porque la propaganda persiste y prácticamente todos los medios de difusión de nuestra región operan como tamborileros de la "tierra prometida". ¿Será que ahora, con tanta evidencia de fracaso, algunos tendrán la hidalguía de reconsiderar su admiración por el sistema "americano" (que en realidad es estadounidense; dejemos tranquilo al resto del continente).
Con el dólar en el suelo -y empezando a perforar el subsuelo- algunos países de nuestra región se están animando a hacer sus transacciones en Euros, pero hay algunos, como Ecuador, que están francamente jodidos porque apostaron al dólar y se desprendieron de sus propias monedas, vergonzosamente.
Hay un enorme contador digital de la deuda interna de Estados Unidos, en la 6ª Avenida, esquina con la calle 42, si mal no recuerdo. Es la deuda más alta del mundo, al igual que la deuda externa de ese país. Las cifras avanzan rápidamente a la vista de todos los transeúntes que levantan la cabeza; otros ya ni la levantan, porque están deprimidos o porque prefieren encontrar alguna moneda extraviada sobre el pavimento.
La afirmación no es un eco de lo que dice Hugo Chávez o Evo Morales; simplemente repite los duros reproches que hacen los periodistas occidentales contra sus banqueros. El periodista inglés Mark Steel, publicó en el diario inglés The Independent un comentario titulado "Financistas en ruinas piden el socorro público" (17 de septiembre).
Steel dice: "Hemos tenido treinta años de banqueros y financistas insondablemente ricos que eran justificados como parte del libre mercado. De manera que se jactaban: "Acabo de recibir mis dividendos del verano y gasté parte de ellos en una pequeña nación africana que incendié para divertirme", o iban a restaurantes que cobraban mil libras por comidas tales como espárragos hervidos en lágrimas de pandas o compraban automóviles que funcionaban con diamantes líquidos y todo eso era una prueba de que vivíamos en una sociedad libre en la que nos pagaban lo que valíamos y no podíamos confiar en dávidas del Estado. Luego cuando la mentira se cae a pedazos, van directamente al gobierno chillando: "Una dádiva del Estado, por favor, nuestro banco ha quebrado".
Son como estudiantes malcriados que buscan a sus padres para que les den más dinero porque han gastado la suma del año en una semana. Pero este gobierno sensiblero (el gobierno inglés) dirá: "Ya recibieron cincuenta mil millones de libras, ¿qué han hecho con ellas? Bueno, está bien, acá hay otros cincuenta mil millones que estábamos reservando para aparatos de diálisis, pero esta vez tengan cuidado".
El neoliberalismo fue un invento sumamente ingenioso del capitalismo: unos cuantos que crearon esta mentira se hicieron inmensamente ricos, mientras los políticos y economistas neoliberales jamás escucharon a los cientos de analistas que dijeron que el neoliberalismo iba a acabar en esta crisis.
Steel dice: "No pueden seguir gastando más de lo que ganan. No podemos permitir que aquellos que no se pueden sostener por sí solos vivan a costa del Estado".
En los Estados Unidos, el Presidente Bush pidió al Congreso un soporte financiero de un billón de dólares para la banca privada estadunidense que representa tres veces el PIB de Argentina (350.000 millones de dólares, ¡y cuántas veces más nuestro PIB!). ¿Pero quiénes pagarán la ayuda? ¡Los contribuyentes! ¡Entre ellos, 2 millones de personas que no pudieron pagar sus hipotecas por la crisis y perdieron las viviendas que compraron! El nuevo paquete será financiado con la emisión de títulos del Tesoro que adquirirán los inversores del Planeta, convertidos en acreedores del Tesoro norteamericano.
Alfredo Zaiat, del diario argentino Página 12, habla de "la caída del Muro de Wall Street", anunciando las mismas consecuencias devastadoras para las economías capitalistas que tuvo la caída del Muro de Berlín para las economías socialistas.
Zaiat dice: "Esta semana el mundo ha empezado a vivir un acontecimiento histórico similar a partir de la quiebra del banco de inversión Lehman Brothers y la compañía de seguros AIG: la caída del Muro de Wall Street.
"Los golpes que van destrozando cada uno de esos ladrillos son el símbolo del fin de una época y el comienzo de una era hoy desconocida. Fueron casi 40 años de mercados financieros cada vez más desregulados, con entes de control públicos colonizados por los banqueros, libre movimiento de capitales especulativos y desarrollo de sofisticados instrumentos financieros que intensificaron el frenesí del casino global. Los gobiernos perdieron el control del sector financiero de la economía. Los dueños de las entidades, ejecutivos, analistas y operadores de esos mercados percibían ingresos obscenos, constituyéndose en una casta privilegiada durante estos años de dominio del mundo financiero sobre la economía real. Semejante poder terminó condicionando a las autoridades democráticas definiendo la lógica de funcionamiento general de las potencias, como en Gran Bretaña, donde la "industria financiera" representa el 30 por ciento de su economía.
"La caída del Muro de Wall Street provocará un perturbador conflicto existencial a esos protagonistas parecido al vivido por los militantes comunistas con el hundimiento de la URSS. Ese mundo del dinero fácil, ideas del liberalismo mágico, estilo de vida, teorías y postulados se ha pulverizado. Se han quedado sin un faro en la vida. Serán patrullas perdidas del sistema capitalista con predominio de las finanzas que está acabado."
Zaiat señala a los analistas neoliberales que pululan en los medios y que tienen intervenciones cada vez más patéticas: "Sus ideas presentadas como verdades absolutas durante décadas en relación con la concepción celestial del mercado libre, de la administración del riesgo, de la dispersión del capital y eficiencia de la actividad financiera son un fiasco a nivel global. Hasta se quedaron sin el argumento final de su fundamentalismo acerca de que eran los agentes sociales (políticos, sindicatos) la razón de la debilidad permanente de la economía. El estallido se ha producido en el corazón del capitalismo financiero y la respuesta desesperada del líder extremista del laisser faire fue una intervención impresionante del Estado."
Al hablar del origen de la crisis, Zaiat dice que su raíz "se remonta a comienzos de la década del setenta. El mundo de las finanzas internacionales comenzó a cambiar a partir del 15 de agosto de 1971. Ese día el presidente republicano Richard Nixon ordenó suspender la compraventa de oro decretando la inconvertibilidad del dólar con ese metal precioso, con el objetivo de poder emitir sin restricciones para cubrir sus desequilibrios externos, al tiempo de intentar la defensa del dólar como moneda internacional, como explicó Susanne de Brunhoff en su didáctico libro La política monetaria, publicado en 1973. Ese fue el inicio del final del sistema que desde la Segunda Guerra Mundial los países desarrollados habían utilizado para administrar las finanzas y el comercio global (Bretton Woods). Uno de los aspectos fundamentales de ese esquema era que la relación entre las paridades cambiarias de esas naciones estaba fija en dólares, y que el valor del dólar estaba respaldado por el oro a una cotización -garantizada por el Tesoro de Estados Unidos- de 35 dólares la onza. Esto provocó el descalabro del mercado de cambios y luego de intentar sin éxito volver a definir tipos de cambio fijos, en julio de 1972 se permitió que la libra esterlina flotara contra el dólar y luego le siguieron Japón con el yen y el resto de las potencias europeas con sus respectivas monedas. Antes de esa medida de Nixon, el tipo de cambio fijo estaba defendido por fuertes controles del flujo de capital entre países, y también estaban muy controlados los mercados financieros domésticos.
"La inconvertibilidad del dólar fue la puerta que se abrió para desregular los flujos internacionales de capital debido a la necesidad que tenían las empresas y bancos de cubrirse por las fluctuaciones de las tasas de cambio de las monedas. Fue el mordisco a la manzana del pecado. Las firmas que negociaban en los mercados extranjeros presionaban para poder diversificar su cartera de activos para reducir riesgos. La idea era que tenían que operar en divisas y activos financieros en transacciones inmediatas y a futuro en función de la percepción del riesgo que implicaba la fluctuación de los tipos de cambio. Desde entonces se empezó a desarrollar en forma vertiginosa la "industria financiera", con la creación de instrumentos
sofisticados que requerían una cada vez mayor desregulación de los mercados, apertura de los sistemas bancarios y liberación al movimiento de capitales.
Se fue construyendo así el casino global donde la administración del riesgo fue transferida desde el Estado al sector privado. Esa liberalización internacional ha exacerbado la volatilidad del mercado y aumentado
enormemente el peligro de contagio. Es lo que se vivió en la región durante la década del noventa y, por fortuna, mal que le pese a la secta de brujos nativos, el tránsito a contramano del Consenso de Washington les permite a esos países tener mejores defensas para enfrentar el actual crac de Estados
Unidos y Europa.
"Ese orden financiero global ha estallado con la burbuja inmobiliaria y los créditos "subprime" en Estados Unidos, activos que alcanzaron el estadio final de la sofisticación de instrumentos financieros desregulados."
¿Qué vendrá ahora? Zaiat dice: "Ya nada será igual, aunque todavía no se vislumbra el modelo que lo sustituirá. Otra forma de regulación del sistema capitalista emergerá luego de la caída del Muro de Wall Street... fundamentalmente porque el eje del poder hegemónico global pasará a estar compartido con nuevas potencias en crecimiento."
Ramón Rocha Monroy
Y mientras todo esto ocurre, un país latinoamericano, Ecuador, está discutiendo una nueva Constitución. Y en esa Constitución se abre la posibilidad de reconocer, por primera vez en la historia universal, los derechos de la naturaleza.
La naturaleza tiene mucho que decir, y ya va siendo hora de que nosotros, sus hijos, no sigamos haciéndonos los sordos. Y quizás hasta Dios escuche la llamada que suena desde este país andino, y agregue el undécimo mandamiento que se le había olvidado en las instrucciones que nos dio desde el monte Sinaí: “Amarás a la naturaleza, de la que formas parte”.
Durante miles de años, casi toda la gente tuvo el derecho de no tener derechos.
En los hechos, no son pocos los que siguen sin derechos, pero al menos se reconoce, ahora, el derecho de tenerlos; y eso es bastante más que un gesto de caridad de los amos del mundo para consuelo de sus siervos.
¿Y la naturaleza? En cierto modo, se podría decir, los derechos humanos abarcan a la naturaleza, porque ella no es una tarjeta postal para ser mirada desde afuera; pero bien sabe la naturaleza que hasta las mejores leyes humanas la tratan como objeto de propiedad, y nunca como sujeto de derecho.
Reducida a mera fuente de recursos naturales y buenos negocios, ella puede ser legalmente malherida, y hasta exterminada, sin que se escuchen sus quejas y sin que las normas jurídicas impidan la impunidad de sus criminales. A lo sumo, en el mejor de los casos, son las víctimas humanas quienes pueden exigir una indemnización más o menos simbólica, y eso siempre después de que el daño se ha hecho, pero las leyes no evitan ni detienen los atentados contra la tierra, el agua o el aire.
Suena raro, ¿no? Esto de que la naturaleza tenga derechos... Una locura. ¡Como si la naturaleza fuera persona! En cambio, suena de lo más normal que las grandes empresas de Estados Unidos disfruten de derechos humanos. En 1886, la Suprema Corte de Estados Unidos, modelo de la justicia universal, extendió los derechos humanos a las corporaciones privadas. La ley les reconoció los mismos derechos que a las personas, derecho a la vida, a la libre expresión, a la privacidad y a todo lo demás, como si las empresas respiraran. Más de 120 años han pasado y así sigue siendo. A nadie le llama la atención.
Nada tiene de raro, ni de anormal, el proyecto que quiere incorporar los derechos de la naturaleza a la nueva Constitución de Ecuador.
Este país ha sufrido numerosas devastaciones a lo largo de su historia. Por citar un solo ejemplo, durante más de un cuarto de siglo, hasta 1992, la empresa petrolera Texaco vomitó impunemente 18 mil millones de galones de veneno sobre tierras, ríos y gentes. Una vez cumplida esta obra de beneficencia en la Amazonia ecuatoriana, la empresa nacida en Texas celebró matrimonio con la Standard Oil. Para entonces, la Standard Oil de Rockefeller había pasado a llamarse Chevron y estaba dirigida por Condoleezza Rice. Después un oleoducto trasladó a Condoleezza hasta la Casa Blanca, mientras la familia Chevron-Texaco continuaba contaminando el mundo.
Pero las heridas abiertas en el cuerpo de Ecuador por la Texaco y otras empresas no son la única fuente de inspiración de esta gran novedad jurídica que se intenta llevar adelante. Además, y no es lo de menos, la reivindicación de la naturaleza forma parte de un proceso de recuperación de las más antiguas tradiciones de Ecuador y de América toda. Se propone que el Estado reconozca y garantice el derecho a mantener y regenerar los ciclos vitales naturales, y no es por casualidad que la Asamblea Constituyente ha empezado por identificar sus objetivos de renacimiento nacional con el ideal de vida del sumak kausai. Eso significa, en lengua quichua, vida armoniosa: armonía entre nosotros y armonía con la naturaleza, que nos engendra, nos alimenta y nos abriga y que tiene vida propia, y valores propios, más allá de nosotros.
Esas tradiciones siguen milagrosamente vivas, a pesar de la pesada herencia del racismo que en Ecuador, como en toda América, continúa mutilando la realidad y la memoria. Y no son sólo el patrimonio de su numerosa población indígena, que supo perpetuarlas a lo largo de cinco siglos de prohibición y desprecio. Pertenecen a todo el país, y al mundo entero, estas voces del pasado que ayudan a adivinar otro futuro aposible.
Desde que la espada y la cruz desembarcaron en tierras americanas, la conquista europea castigó la adoración de la naturaleza, que era pecado de idolatría, con penas de azote, horca o fuego. La comunión entre la naturaleza y la gente, costumbre pagana, fue abolida en nombre de Dios y después en nombre de la civilización. En toda América, y en el mundo, seguimos pagando las consecuencias de ese divorcio obligatorio.
Eduardo Galeano - Brecha

Existen más casos trágicos que involucran la introducción de especies no nativas a un hábitat extraño. Uno, muy cercano a nosotros, ocurrió en Brasil el siglo pasado. Un científico, que buscaba mayor eficiencia industrial (la eterna excusa industrializadora), mientras se dedicaba a la cruza de abejas africanas con europeas, liberó 'accidentalmente' algunas de ellas en la selva, las cuales no tardaron mucho en acomodarse plácidamente a su nuevo ambiente, reproduciéndose con rapidez y distribuyéndose a lo largo de todo el continente, compitiendo, de esa manera, con el resto de abejas nativas quienes nunca habían conocido semejante adversario para el cual no estaban preparadas, con la consiguiente pérdida de territorio (algo que interesantemente tiene mucha similitud con el comportamiento de algunos inmigrantes que llegaron al país con una mano adelante y otra atrás pero que ahora se la dan de constitucionalistas y gobernadores). El problema, con las abejas africanas, no sólo radica en su habilidad para migrar (debido a instintos naturales heredados de sus progenitores africanos y el motivo por el cual se extendieron con rapidez a todo el continente) sino a su agresividad, lo cual le valió el desmerecido nombre de 'abejas asesinas' al que le siguieron incluso algunas ridículas producciones cinematográficas sensacionalistas con el mismo título.





Los bolivianos -aunque no exclusivamente- nos caracterizamos por ser maestros del no-me-importismo recalcitrante. Nos pavoneamos de estar siempre en lo correcto y somos bien capos para negar-deslindar-evadir nuestras responsabilidades. Claro, somos muy buenos para criticar, a todos, pero no a nosotros mismos; es como si estuviésemos convencidos de nuestra infalibilidad de manera profunda. A la mayoría nos cuesta aceptar estar equivocados o que existan personas que piensen diferente o que existan personas que simplemente no comparten nuestra forma de pensar-vivir o que, simplemente, existan personas diferentes. Si utilizásemos algunas palabras para describirnos no nos sería difícil encontrar 'irresponsable', 'egoísta' e 'intolerante' en nuestro perfil nacional. Aún así, a pesar de ser, además, excesivamente simplistas (metemos a todos en el mismo saco) nos cuesta poco esfuerzo el autoexcluirnos cuando nos llega la hora de rendir cuentas: el arte del 'yo-no-fuí' para, obviamente, evadir nuestras responsabilidades como siempre lo hacemos.“Hoy honramos a los indígenas de esta tierra, la cultura más antigua en la historia de la humanidad.
“Reflexionamos en su maltrato pasado.
“Reflexionamos en particular en el maltrato de todos aquellos que formaron parte de las Generaciones Usurpadas -este defectuoso capítulo de la historia de nuestra nación.
“La hora ha llegado para que la nación escriba una nueva página en la historia de Australia reparando todo lo malo del pasado y así moverse hacia el futuro con seguridad.
“Pedimos perdón por las leyes de sucesivos parlamentos y gobiernos que infligieron profundos dolores, sufrimientos y la pérdida de nuestros hermanos australianos.
“Pedimos perdón especialmente por remover aborígenes y arrebatar a los niños de los Isleños del Estrecho de Torres de sus familias, sus comunidades y sus tierras.
“Por la pena, el sufrimiento y el dolor de esas Generaciones Usurpadas, sus descendientes y por sus familias abandonadas a su suerte, pedimos perdón.
“A las madres y padres, hermanos y hermanas, por romper los lazos familiares y comunales, pedimos perdón.
“Y por la dignidad y degradación así infligida sobre gente orgullosa con una cultura orgullosa, pedimos perdón.
“Nosotros, el Parlamento Australiano, respetuosamente pedimos que estas disculpas sean recibidas con el mismo espíritu con el que son ofrecidas, como parte del sanamiento de una nación.
“Por el futuro estamos convencidos que resolviendo esta nueva página en la historia de nuestro gran continente podemos ahora ir hacia adelante.
“Damos hoy el primer paso reconociendo el pasado y sentando precedente para tener un futuro común para todos los Australianos
“Un futuro donde este parlamento resuelva que las injusticias del pasado nunca jamás vuelvan a pasar.
“Un futuro donde estén guarnecidas las determinaciones de todos los Australianos, indígenas y no indígenas, para eliminar el abismo que nos separa en expectativa de vida, nivel educativo y oportunidad económica.
“Un futuro donde cobijemos la posibilidad de nuevas soluciones para resistir a problemas que viejos métodos no fueron capaces de resolver.
“Un futuro basado en el respeto mutuo, en la resolución mutua y en la responsabilidad mutua
“Un futuro donde todos los Australianos, cualesquiera sus orígenes, sean compañeros igualitarios, con similares oportunidades e importancia en el diseño y escritura del siguiente capítulo en la historia de este gran país, Australia.”
Kevin Rudd - Primer Ministro Australiano
Nota original en inglés: Guardian
Video del discurso: Guardian



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Cuando la gente me pregunta ¿Cómo fue que se interesó en los animales?, les respondo ¿Cómo es que perdiste el interés en ellos?.David Attenborough